
Comencemos con aceptar los datos objetivos que indican que
esta elección fue mala.
Cuán mala? Ese es otro asunto. Porque debería ser, Cuán
mala respecto de qué?
Del 2011? obviamente. De las encuestas? dejémonos de joder. De
lo esperado? puede ser, aunque no por mucho. Y acá está el tema: Lo esperado
por quién?, Calculado de qué modo? No son preguntas de fácil respuesta y
ciertamente están sujetas a las subjetividades del caso.
Convengamos en que fue mala, que pudo ser mejor si algunas
cosas se hubieran hecho diferentes. Pero aceptemos que muchas pudieron haberse hecho
de un modo equivocado y el resultado hubiese sido aún mucho peor.
La división entre “Hasta acá llegamos” y “es un duro castigo
a errores del kirchnerismo” que hace el querido Gererdo Fernandez me parece exagerada y
excluyente de muchas otras posibilidades que incluso están fuera de los intermedios
grises posibles. Adhiero al nos fue peor que respecto al peor escenario
esperado. Y acá aclaremos que esperado por nosotros, los militantes y/o
convencidos. Pero que nos fue peor que lo peor esperado por el gobierno es
posible, pero no seguro.
Apuntar a bajar las banderas, a bajar el nivel de
confrontación no solo no es la solución, sino que creo es la antesala de la
derrota, la aceptación de esa derrota. No electoral, sino del modelo.
Más de una vez dijimos que hay que
profundizar aún más el modelo. Eso, señores, es profundizar la política,
profundizar la confrontación.
La sociedad votó. Y ese voto no puede simplificarse con un “No
te voto porque no me gusta lo que venís haciendo”. Es bastante más complejo que
eso.
Por un lado están los nucleos duros (llamémosle así para que
nos entendamos). Conjuntos de personas ultra-Kirchneristas de un lado y
profundamente anti-Kirchneristas del otro. De esos no me ocupo porque tienen el
voto definido aún contra su propia percepción. Esto es: “Yo voto por el modelo
aunque no me guste tal tipo denunciado de tal cosa, porque creo que si Cristina
lo banca, es posible que ella sepa algo que yo no”. O bien, “Yo a estos no los
voto, a pesar de que me está yendo de lujo, auto nuevo, casa nueva con crédito
a tasa increíble, laburo de 10, etc., porque estos tipos son todos ladrones y
corruptos”.
Si dejamos de lado esos segmentos nos encontramos con una
enorme masa de población, del orden del 60%, estimo, que está entre los que
apoyan abiertamente y bancan los trapos en cualquier situación, hasta los que marchan
a la plaza pidiendo seguridad y liberación de la moneda estadounidense. De todo
hay en el medio.
A toda esta gente se la puede convencer de votar a tal o
cual opción.
Existen muchos factores que inciden sobre un voto en una
elección democrática y donde debería hacer eje la política electoral de cara a
Octubre:
La realidad Real.
O de todos los días. La que uno observa por sus propios ojos.
La realidad Virtual.
Que es la que te dicen que es, gente que dice que sabe.
La noción de Futuro.
Donde se apuntala muy fuerte la noción de equilibrio de fuerzas.
La noción de
seguridad. No la de inseguridad, que entra dentro de las 2 primeras, sino
la de seguridad del camino transitado. El acostumbramiento a ciertas cosas y el
conservacionismo resultante.
El pueblo no vota sólo por un motivo. No es tan simple como
que “no me gustó tu gestión, no te doy mi voto”. Porque si no, no se explica
para nada pasar de un 54% a un 26%. En la misma línea es irrisorio y una total
falta de respeto, creer que hay gente que vota a tal o cual sólo porque lo dice
clarín o TN, ojo con subestimar a la gente.
Respecto a la realidad
Real, leí por ahí (perdón por no poner la cita, pero no lo encuentro ahora)
que mañana será todo igual al viernes. E incluso todo seguirá igual después de las
elecciones de Octubre para los ciudadanos de a pié.
Y resulta que es así. Poco cambia en la Argentina Real y la
gente lo sabe. Se sabe segura de lo que tiene, de lo que consiguió estos años.
Muy distinto a cuando votó por Cristina en contra de Binner, Alfonsín o el
Adolfo.
O sea este efecto es poco trascendente en la toma de decisión
sobre el voto. Y sin embargo fue el gran foco donde pivoteó la campaña del FPV,
los logros conseguidos.
La Realidad Virtual,
en cambio, nos dice que todos vamos a morir. Jajaja. Es tan cierto que da risa.
Los medios nos taladran la cabeza con líneas que bajan de
redacciones y reuniones de directorio a puertas cerradas. Es imposible no oírlos,
pero aislarse tampoco es buen plan. Es que debemos enterarnos, aunque mal no
sea, de las otras 10.000 cosas que pasan en el país y que no pasan por vuestros
ombligos.
En este sentido las cartas están bien claras, por suerte
ahora, a diferencia de hace algunos años atrás. Hay medios opositores. Los hay
oficialistas. Hasta los hay independientes (no, chiste!). Haciendo un popurrí
de programas o un zapping a prueba de Reliverán, uno puede enterarse más o
menos del 10% de las cosas que pasan (aunque el 40% aprox si uno es de capital)
y que nos interesarían saber.
La información que nos llega es claramente sesgada,
tergiversada muchas veces y hasta falsa en algunos casos. Esto también lo sabe
la gente, toda la gente. Ya nadie mira TN sin saber qué es lo que está viendo,
por más que esté totalmente de acuerdo con lo que allí se dice. Lo propio sucede
con 678.
Ojo que no estoy comparando los tamaños de ambas tribunas
mediáticas, lo que sería absurdo. Si no, aceptando que ahí están y que al menos
algunas voces dispares pueden ser escuchadas.
La noción de futuro
es el gran tema pendiente en estas elecciones.
No hay propuestas de los grandes partidos. Las hay de
algunos pequeños que tienen mucho más para ganar que para perder. Y el punto
está en que toda propuesta afecta positiva y negativamente intereses.
Corporativos o del pueblo, siempre contrapuestos. Y como un candidato necesita
de votos y apoyo económico o estabilidad (en el caso del gobierno), es tanto
mejor no mostrar las cartas. Qué podría prometer Massa que lo haga ganar votos
y simultáneamente no perder apoyo corporativo? Porque cuando fue a la reunión
con algunos empresarios prometió cosas que de saberse por todos le habrían
restado cuantiosos votos (Ajuste, aumento de tasas, endeudamiento, etc.).
El FPV nos pide que le demos el voto a cambio de seguir el
camino. Eso es demasiado poco para la mayoría de la población, incluso para el
50% que sí se lo dio en 2011. Y es que acá hay que apostar fuerte. Y este es un
excelente momento para hacerlo, justo después de esta derrota electoral. Aunque
muy a nuestro pesar, esto sea mostrar las cartas y darles chance a que se
preparen.
También entra a jugar acá la idea de “equilibrio de fuerzas”
que reza algo así como que “Mejor es que como están ellos en el gobierno,
tengan una oposición en el congreso para que la cosa esté más equilibrada y el
país ande mejor”. Una falacia de magnitud colosal. Pero muy arraigada en todos.
Aquella idea de equilibrio de fuerzas, se sabe, es un mito, una pobre ilusión
de los más débiles. Porque así como los mercados no alcanzan el equilibrio,
sino hasta que quedan 2 o 3 multinacionales, después de acabar con todo lo que
encontraron a su paso y los números le dan que es mejor acordar con la
competencia que embarcarse en una guerra comercial; o la misma noción de la copa
llena que por derrame nos baña con sus doradas sobras; uno tiende naturalmente a pensar que el
equilibrio es un punto intermedio mágico donde todo está sereno y marcha sobre
ruedas. Las pelotas. El equilibrio siempre es una lucha feroz de fuerzas que
tienden a destruirse.
Por eso es importante hacer notar que el ejecutivo necesita
estar aliado con el poder legislativo para llevar adelante las
transformaciones. Algo tan obvio que es necesario remarcarlo porque fácilmente
se olvida y se cae en el engaño.
Contra el
conservadurismo lo que se puede hacer es mucho más complejo.
Porque este modelo va incorporando gente a la clase media
que casi por definición es conservadora, más aún si viene de un pasado peor.
Muchos prefieren mantener lo bueno y cambiar lo malo. Esto se puede leer como “mantener
lo que tengo y no me jodas con más cambios que así estoy bien”.
No nos olvidemos que los habrá en importante número, que decidieron darse unas PASO para pensar y decidir. Que a sabiendas de que el voto que vale es el de Octubre, esto fue un ensayo. "Darle el voto al más necesitado para que valga más, si total, el FPV gana por muerte".
Si eso es posible también lo será lo opuesto, dentro de dos meses.
La pregunta ahora mismo es: Se puede mejorar sustancialmente en Octubre? Y la respuesta, creo, es obviamente
Sí. Desde luego no se va a conseguir un 2011. Pero claramente se puede ganar en
Bs As, Catamarca y mejorar apreciablemente en otra provincias como ser Jujuy,
donde se esperaban otros resultados, o en Santa Fe y Córdoba, donde si bien el
FPV estaba más complicado bien pudieron andar mejor, sobre todo por el caudal
de votos en juego.
Es importante, creo yo, una lectura de este estilo de los resultados. Porque si uno cree que se equivocó mal y que la mitad de la gente que confió en Cristina hoy ya no lo hace, es posible que se replantee muchas cosas y decida cambiar el rumbo, tal vez, a uno más conciliador, que es lo que la gente linda quiere. A tomar por culo digo yo. Lo que hay que hacer es ir más a fondo. Pisar el acelerador. Apuntar a aquellos factores de decisión y explicarle a la gente, por ejemplo, que el equilibrio es una ilusión, que con el grupo A nos fue para el tujes, que hasta el presupuesto nos negaron los muy “institucionalistas”.
Hará falta una buena dosis
de caminar las provincias, territorio. Convencer a la gran masa de gente que no
nos votó, mediante propuestas claras y concisas. Llevar a los opositores al
barro (porque hasta ahora, unas carmelitas descalzas he), a la arena de la
política. Explicar hasta el hartazgo quiénes son realmente estos muchachos (olvidémonos del Pro y de Unen por un momento, vallamos a por todos los demás en el resto del país). Y por sobre todo, darle seriedad al voto. Que la gente se
comprometa fehacientemente con el candidato que elije.
Calculo que la cosa andará por ahí.
Veremos qué suerte nos depara Octubre. Como sea, tenemos
muchos votos que militar.